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Miguel vino al estudio acmpañando a su chica Luisa, que había quedado conmigo para hacer la sesión que habíamos acordado. Cuando cruzó la puerta ya le dije a Miguel (tal como suele ser habitual en mí) que también le tocaría posar. No se atrevió a posar solo, pero sí lo hizo junto a Luisa, en estas imágenes que tampoco están nada mal. Para Miguel fue su primera sesión de fotos. Y el caso es que una vez logró dominar la tensión propia de tal circunstancia, supo comportarse también con naturalidad y entusiasmo. Seguro que a ello le ayudó el inmenso amor que siente por Luisa, tal como queda patente en estas fotografías. |
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