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Irene y Juan vinieron a mi estudio una tarde, con la intención de obtener buenas fotografías, pero sobretodo con muchas ganas de pasarlo bien (como debe ser). Querían algo sencillo y sin sofisticaciones (como a mí me gusta), pero también sin corsés ni prejuicios acerca de lo que está bien y lo que no lo está en una pareja. Las imágenes habían de ser para ellos, para su intimidad, simplemente porque les hacía ilusión tenerlas. Y en consecuencia habían de ser unas imágenes sinceras, naturales, espontáneas, y capaces de reflejar sus sentimientos en cada instante. Empezó posando Irene, y a su descanso lo hizo Juan. Pero cuando Irene volvió al plató por segunda vez, las cosas cambiaron (para bien, naturalmente). Es cierto que había estado ya muy natural, relajada, feliz y desenvuelta. Pero después de su descanso se convirtió en un torbellino que iba a explotar el erotismo que iba a brotar de su interior, suavemente primero, y con gran fuerza después. Logicamente, Juan se contagió también de la actitud de Irene cuando posaron los dos juntos, y lo que aquí podemos ver es una pequeña muestra de ello. El resto de las imágenes, tal como ya he dicho, están reservadas para su intimidad. |
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