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Ana es la amiga que iba a venir con Sandy a hacerse fotos conmigo en el estudio. Pero resultó que a Sandy le salió un compromiso el día que habíamos quedado y tuvimos que aplazar nuestra sesión. Pero solo aplazamos la de Sandy, porque Ana sí que podía. Y como también le hacía ilusión, nos pusimos al trabajo. A pesar de que apenas conocía a Ana, pronto me di cuenta de que tenía una fotogenia especial. Unos ojos preciosos, una maravillosa cabellera rubia, sabía posar, sabía moverse, sabía cómo mirar a la cámara... muy pocas indicaciones tuve que darle. De hecho intercambiamos pocas palabras (Ana no suele ser muy habladora... al menos al principio), y aún y así empezamos a compenetrarnos a la perfección. Tanto es así que las fotografías fueron fluyendo unas tras otras, cada vez mejores, destacando la singular belleza de esta preciosa mujer. De vez en cuando parábamos un poco y entonces sí, manteníamos un pequeño diálogo; fue suficiente para darme cuenta también de su enorme calidad humana. Cristina, amiga de Ana, la acompañó al estudio, y también posaron las dos juntas. |
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